Highlight

Es curioso como, siendo fémina y asistente a un casamiento, no puedes evitar realizar un serio fichaje y clasificación del resto de invitadas.  Y más concretamente, de aquellas que rondan tu franja de edad.

Será por esa manía persecutoria (intrínseca al género femenino) que nos empuja irremediablemente a la comparativa. Y así caemos en el análisis de todos y cada uno de los looks ajenos. 

Y al hilo con el título de este post, podemos clasificar en dos bandos a ese grupo de mujeres que examinamos en una boda:  las que previamente han visitado a su peluquero y las que no. Hoy le dedicaremos especial atención al primer grupo.

Las hay que han pasado por la pelu pero la huella es sutil.  Éste es el resultado ideal,  ya que lucen la melena suelta pero bonita, bien lisa o con alguna onda natural y favorecedora.  Pero ¡ay Señor!, que éstas son las menos.

Tirabuzones con mucha laca

 

Están aquellas que seguramente acudieron al salón de belleza el día anterior, durmieron con los rulos puestos y se han erigido como enemigo público nº1 contra la capa de ozono (de tanta laca, vaya) porque los bucles que ostentan simulan a los de Shirley Temple (Annie).

 

 

Las hay que amortizan ese paso por la pelu para sentirse como auténticas estrellas de Hollywood en la alfombra roja.  Se decantan por un recogido espectacular y glamuroso, lo cual no suele ser tan chocante si la boda se celebra por la tarde-noche. Pero ojo, no hagan como nuestras amigas SJP ó Eva Mendes (y mira que suelen acertar habitualmente): por todos los Santos, no dejen que el peinado les supere, ¿de acuerdo?

Recogidos con demasiado volumen

Tipologías de peinados en bodas las hay y muchas, pero a lo que íbamos ¿Eres de las que pasa por manos del peluquero antes de ir a una boda, o prefieres arreglarte los cabellos tú misma?

No me gusta ir a la peluquería

Mi relación de amor-odio con las peluquerías ha existido desde el principio de mi vida adulta, y no hay vez que vaya a cortarme el pelo y que no les ruegue encarecidamente que NO me lo sequen.  Independientemente de la peluquería o el peluquero, siempre me dejan como a Mª Teresa Campos.  ¿Tendrá esto algún tipo de significado trascendental?  Si lo averiguo se lo haré saber queridas, no lo duden.

 

Así que en las pelus jamás dejo que me hagan un brushing.  Confesaré que para un par de bodas he acudido a que me marcaran ondas e insuflaran volumen, con resultados decentes.  Aunque una vez realizado el descubrimiento de las planchas, he llegado a la conclusión que mi propia maña es más afín a mis gustos. Y por lo menos si me hago un “estropicio” (difícil, porque no arriesgo mucho) no me quedará el sinsabor de haberme gastado los (por ej.) 40€ de la pelu. Jamás he pedido un recogido, pero sé que los cobran, y caros.

Apuntaré que conozco a más de una amiga que, tras pasar la mañana en el hairdresser, y con media hora para vestirse antes de salir hacia la iglesia, se ha metido en la ducha a lavarse la cabeza y ha tirado hacia la ceremonia con el pelo a medio secar, pero con su identidad recuperada.  El rictus que lucía ya es otra historia...las pérdidas de tiempo, esfuerzo y dinero no son apreciadas entre mis amistades.

A grandes rasgos, y para no marearles más con anécdotas propias y ajenas,  nuestras pautas a seguir son:

 

                                                                                      

NO

Tirabuzones cerrados

Exceso de laca

Gomina

Tirante tirante

Recogidos muy excesivos

Volumen extremo

 

 

 

 

 

Peinados de fiesta

 

 

Ondas

Liso extremo

Coleta

Recogido natural

Moño de bailarina

Trenzas

 

 

 

Final tip:   si tienes decidido ir a la pelu a que te atusen el cabello para una boda, siempre siempre siempre lleva fotos del peinado objetivo.  Para inspirarte un voltio por nuestro Pinterest no falla, ¡te lo aseguro!

Y AHORA,

¿NOS CUENTAS TU GRAN ESTRAGO / TEMOR PELUQUERIL?