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Cuando el Míster me pidió matrimonio, organizó para ello un fin de semana italiano y sorpresa, sin falta de detalle. El hotel con encanto que eligió pensando en mis gustos, el restaurante de la primera noche Ad Hoc y la traca final, la segunda cena en el restaurante más romántico del mundo.

¿Y cómo es el restaurante más romántico del mundo?

Está situado en Roma, no podría ser de otra manera. En el rooftop del hotel Sofitel, con vistas a la basílica de San Pedro. La visión nocturna y desde la altura de la Roma iluminada es un espectáculo inigualable.

Los camareros con el traje más impecable del mundo trabajan allí, el piano como único instrumento protagonista, predominancia de clientes que cenaban en pareja… y ahí estaba yo, recién prometida y realizando la gran entrada del brazo de mi Míster.

Un lugar de película. Una de esas noches inolvidables.

Cuando nos sentaron a la mesa, tuvieron el detalle de acercarme, muy refinadamente, un reposa-bolsos. ¿Qué es un reposa-bolsos? (y me he inventado el nombre). Es una especie de butaca cilíndrica y estrecha que se coloca junto a la silla de la señora para que ella pueda dejar su bolso y tenerlo a mano.

Muuuuuuy elegante, como podéis comprobar.

Pero el detalle del que quería hablaros es el siguiente: cuando el camarero nos entregó la carta a cada uno, y yo me dispuse a dejar que mis jugos gástricos se revolucionaran ante tan deliciosa lectura… de repente me dí cuenta: ¡esta carta no tiene precios marcados! Le pregunté al Míster si en la suya ocurría lo mismo. Pero no: en la suya figuraban todos y cada uno de los importes.

¿Pensáis que a mí me había tocado la única carta defectuosa del restaurante más romántico del mundo?

Pues no.

Resulta que en los menús que allí se entregan a las damas no figura precio alguno, porque se asume que en el restaurante más romántico del mundo es el caballero el que paga. ¿Cómo te quedas?

Yo pretendía invitar a mi recién prometido a aquella cena -que él había programado- y ya me lo estaban poniendo complicado desde el comienzo.

En todo caso, me pareció un detalle galante y hasta elegante, una forma de definirse como “un restaurante sólo para caballeros a la antigua usanza, que quieren invitar a sus señoras a cenar al restaurante más romántico del mundo”. Pero imagino que también habrá quien opine que dicho detalle destila tintes machistas.

 

¿Vosotros qué pensáis?

Me encantaría saber.

 

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