Boda_emoji_2_highlight

¡No te queda nada!

No te queda nada, ¿eh?

… no te queda nada …

Es la frase que últimamente me repiten hasta la saciedad. Como si no me hubiese enterado. Como si la fecha 13 DE JUNIO no la hubiera elegido yo junto al Míster.

Me encuentro un poco como el astronauta atrapado en casa -sin llaves- en medio de la cuenta atrás para el lanzamiento de su nave espacial, o como si hubiera confundido las campanadas de fin de año con los cuartos y ya no me diera tiempo a comer las 12 uvas sin arriesgarme a morir de una obstrucción en el gaznate.

Todo el mundo percibe la inminencia del 13J. Menos yo. Y es que todavía me queda un trecho por disfrutar.

Hoy, desde primera hora de la mañana, mi móvil echa humo con los recordatorios de la gente, parece que tienen el 13J grabado a fuego en el cerebelo. Todos hablan de ello, a diario me lo recuerdan amigos, familiares, clientas, proveedores…pero hoy señalan especialmente que sólo queda un mes. Un único mes.

Mi madre recalca que después del 13M (13 de Mayo, oséase hoy), el siguiente es el 13J. Que no hay otros treces por enmedio. Sólo EL DÍA. Nuestro día.

Lo cierto es que lo escucho como si tuviera tapones de gomaespuma en los oídos o me encontrara sumergida en el agua. Sí, algo se oye. Pero como un eco lejano. Parece que me resulta ajeno, que la conversación no va conmigo. Estoy en el limbo de la tranquilidad, y no quiero que nada ni nadie me saque de él. Se está tan a gustito aquí dentro…

Durmiendo bien, comiendo bien, concentrada en el trabajo, con mis ratos sagrados para ir al gimnasio y darme baños en el mar. No quiero que ninguna de estas rutinas se altere. Son las que me mantienen con los pies en el suelo, las que me impiden evadirme en una espiral de histeria. Estoy muy ocupada, sí. Pero puedo con todo y si pienso en el 13J me invade la felicidad.

Mencionan 13J y sólo vislumbro al Míster esperándome sonriente en el altar.

Es asquerosamente empalagoso, pero es cierto. 

Durante el día de hoy sigo silenciando por un año los grupos de whatsapp atestados de emoticonos de novia, relojes de arena y flamencas dándolo todo. Qué le vamos a hacer, les puede la emoción a las criaturas.

Mi madre esta mañana me esperaba temprano en el despacho contiguo al mío, con la mirada perdida en su ordenador. En cuanto ha oído mis pasos hacia mi puesto de trabajo me ha llamado: “Mery, no sabes qué pesadilla he tenido esta noche. Era sobre tu boda. Tu padre llegaba tarde porque no tenía camisa y tu hermana había perdido el vestido”. Lo nunca imaginado: mi madre, que jamás repara en fruslerías, soñando con camisas y vestidos. Y para mal.

Compañeras de pilates que me dicen que me ven más delgada (¿?¿?) y que eso es de los nervios. ¿NERVIOSSSS? Pero si yo no tengo nervios.

Conocidos que empiezan a diferenciar momentos y encuentros según mi futuro estado civil. A las marcas amigas del pop up store de Maquís & Co. ya no las volveré a ver hasta que no esté casada.  Nunca más regresaré a Madrid siendo una mujer soltera y “sólo” me quedan 2 bodas a las que asistir antes que a la mía.

Por otro lado lo único que me puede inquietar es en qué momento y lugar me secuestrarán mis amigas para mi no-despedida de soltera (aunque ellas sostienen que no habrá despedida). Sobre todo por aquello de tener una bolsa preparada con lo básico (ropa interior, zapato cómodo, gafas de sol, neceser e ibuprofenos) y que no me pille el momento sin haber hecho una pasada reciente de Silképil. Detalles técnicos, que yo soy muy práctica.

Mientras tanto voy recibiendo esporádicamente emails de una cuenta denominada ´laqueteespera´ con pruebas que he tenido que enviar por vídeo. Como una imitación de las salchipapas, un ejemplo por si les pica la curiosidad.

“¿Has llevado el vestido a la modista?”, me repite mi madre. Con esto de que me lo compré online, ahora hay que cogerle el bajo y medio centímetro de hombros. Pero para qué me voy a agobiar tan pronto. Total, no paran de decirme que voy a adelgazar –aquí me tienen, aún esperando descensos vertiginosos en la báscula-, pues dejo los arreglos con la modista para la última semana.

Mientras, ando peleándome con las bases de maquillaje. Quiero ir “al natural” porque con el pote me siento enmascarada, pero mi mejor amiga-la-que-me-pinta dice que debo llevar base y polvos. Y yo me veo con la cara mate tipo Geri Halliwel. Hacía tiempo que no me acordaba de ella, pero cada vez que voy a una perfumería a probarme una marca nueva de fondos de maquillaje me encuentro a la Spice Girl reflejada en el espejo, mirándome fijamente.

Mi padre me ha conseguido un coro amateur local al que todavía no he oído cantar, y tampoco me preocupa. Pero conociendo a mi progenitor, es capaz de decirles que toquen el himno nacional cuando hagamos la entrada a la iglesia. Aunque tampoco esta perspectiva consigue meterme los nervios en el cuerpo.

Me entrego a la práctica de yoga a diario, cada semana hablo con el cura que nos casará y estoy elaborando una estrategia secreta para mantenerme serena y focused el 13J. Si funciona la compartiré con ustedes.

En el pop up store del finde pasado me contaba Cris que ella la noche antes de su boda se tomó un Lexatín y que estuvo tan pichi. Quizás debería testearlo por si el 13J me da un colapso neurofrítico por concentración de todos los nervios que no han hecho acto de presencia en todo este tiempo. O si no tiraré de valeriana, pero me parece un poco demasiado light.

De momento si alguien sabe de un mecanismo para ralentizar el paso del tiempo y que este mes se me haga muuuuuy largo, que alce la voz. Tan sólo quiero disfrutarlo y ser súper consciente de todo lo bueno que me está esperando.

 

PD: por si acaso, que alguien se ponga una alarma el 13J a las 17:59. No vaya a ser que en medio de tanto sosiego mental me tumbe a echar la siesta, no llegue a tiempo a la iglesia y el Míster piense, erróneamente, que no quiero casarme con él.

 

Puedes seguirnos en:

www.strending.com

www.facebook.com/Strending

@strending