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-Hiii, hiii, hiii...-

-¿De qué os reís como hienas?- inquiere Lémur aproximándose al corro de sus amigas londinenses -la cual no puede ser más ideal, Dios las cría y ellas se juntan tomando el té de las cuatro y media al amparo del Támesis-. Eso le hace pensar en su hermana Moriarty, que una vez le dijo que el río marronáceo es tan brumoso porque se halla bajo el influjo de la alargada sombra del fantasma de la reina Victoria, y que las bocinas de los barcos que lo cruzan en realidad son los lamentos que le salen del alma a su oronda majestad que, vestida de negro, se va zambullendo de vez en cuando entre las aguas buscando al gran amor de su vida, el príncipe Alberto.

-¡¿De que os carcajeabáis?!- insiste Lémur, mosqueada porque todas miran al techo. Bueno, todas menos una de ellas que es tan sumamente alta que las lámparas se las lleva de tocados (de hecho, los días de niebla baja no puede salir a la calle pues los grititos estremecedores que le salen al paso acompañados de sendos desmayos de las hijas de la Gran Bretaña, atemorizadas por no verle la cabeza sobre los hombros y confundiéndole con el jinete de Sleeppy Hollow, le ensombrecen sus sueños).

-Comentábamos lo gracioso que nos resulta que, además de tí, parte del elenco de tu familia (veáse Moriarty o esa prima sevillana tan guapa que tienes) aparezca siempre los días lluviosos con Barbour y pelos de loca- habla por fin una de sus amigas, conocida por su simpatía y que puede presumir de haber ganado el concurso Gato de Chesire, premio que ganó sacando varias yardas de distancia a sus oponentes al medirle la curvatura de las comisuras de su boca, siempre hacia arriba, llegando incluso a tocar la punta de sus orejas.

- Bueno si me llamas loca en plan Alice Gould con sus renglones torcidos, me lo tomaré como un cumplido- subraya Lémur haciéndose la Torcuata Luca de Tena. -¿Y qué le pasa a mi melena? Hoy la llevo decente- musita con la boca pequeña mirando de soslayo su bien más preciado: el Barbour

 

Barbour cartel vintage

 

-Por favorrr, parece que estás haciendo honor al principio de la canción de Hombres G : Hoy me he levantado dando un salto mortal...- le mete un dardazo en plena diana de su ánimo la más joven del grupo, a la par que estilosa y avispada.

-Veréis- se defiende Lémur -todo esto se remonta siglos atrás, provengo de una dinastía que tiene una curiosa aversión al peine, a no ser que sea utilizado en actos solemnes como bautizos, bodas o comuniones, y ni siquiera eso si llevas un amplio sombrero. Así que ni mentar el embellecer tu cabellera cuando llevas Barbour. De hecho, mi tía Eulalia siempre me sermonea "Chica, no pega. Si lo llevas es porque hace un tiempo de perros…¿para qué te vas pintar como una puerta o peinar como una secadora? Es como si haces reverencias cuando vas al cuarto de baño”. Todavía oigo esa frase pronunciada entre sorbo de gintonic y pepinillo en las crudas noches del otoño inglés o el invierno español.

-Yo no lo podía haber contado mejor- musita una voz bajo la mesa del té.

-¡Moriarty! ¿Desde cuándo estás en Londres?¿Y qué haces ahí debajo?- exclama su hermana antes de desmayarse.

-¡Míaaaa!- se abalanza sobre ella Moriarty, poniéndole teatralmente un botecito bajo sus orificios nasales -¡No sabéis las ganas que tenia de usar un frasco de sales! ¡Sale en todas las novelas de postín!- dice entusiasmada ante las expresiones horrorizadas de las amigas de su hermana. Empieza a balbucear cuando Lémur, ya recuperada, le lanza una de sus famosas miradadas, ésas que provocan guerras mundiales o catástrofes nucleares.

-Bueno, verás.....pasaba por aquí...-

-¿Desde España? Ha sido un paseo de campeonato, dejarías al mismísimo Forrest Gump a la altura del betún- ironiza la amiga gigante.

-La verdad que quería dar una sorpresa a mi hermanita del alma, sabía que siempre venís a este sitio- suspira quitándose una bolsa de té que se le había impregnado en el pelo al saltar de su escondite. -He llegado antes pero he empezado a escuchar unos sonidos terroríficos, acompasados de exclamaciones y cambios de tono, y me he parapetado, muerta del susto, debajo de la mesa. Ni os imagináis el miedo que he pasado, ¡qué ruiditos más pavorosos!

-Eso es inglés so mema, lo que hablan los habitantes de Londres, por si no te habías percatado- le suelta un guantazo Lémur ante tanta tontería concentrada en una sola persona.

-Really? Indeed, oh my god! También quería soltar lastre con esas palabras- recita Moriarty en un vano intento por cambiar de tema -¿Alguna vez habéis contado la de veces que dicen indeed los personajes en la serie de Orgullo y prejuicio? Yo sí: 238. Es digno de enmarcarlo y quitarse el sombrero- Obvia el suspiro prolongado de su público y, para congraciarse ante las amigas de su hermana, les confiesa otra de sus habilidades cinéfilas -Y además me sé todos los diálogos de Moulin Rouge. Ahí es nada.-

-Moriarty, a tí que te gusta tanto la vida del juglar, ¿por qué no nos cuentas la oscura aversión de nuestra familia?-

 

lavarse el pelo

 

-Bueno, ya sabes que el hablar me cuesta más que un gato panza arriba, que lo mío es la pluma y plasmar los sentimientos de otros que no saben expresar con palabras su historia y mi deber es contarla aunque la poesía me corte lentamente los dedos. Pero el tema familiar me apasiona, ya que como buena vástaga reniego del cepillo, y el origen de tanto odio, queridas, viene de lejos:

Según las caprichosas y malas lenguas, nuestra bisabuela Lola echó por la borda del Queen Mary a su prometido cuando éste, en un acto de osadía sin precedentes, sacó del bolsillo de su chaleco un cepillito de marfil para peinarse su bigote estilo Poirot. El mar se tragó a Leopoldo y a los remordimientos de Lola que, segundos después, contemplaba extasiada la puesta de sol sobre Mikonos. Y volviendo a citar a nuestra querida tía Eulalia, esta vez acaparando las sombrillas de sus caipirinhas, diría: "Golondrinas, un hombre que de tan atildado pase más horas frente al espejo del tocador que vosotras, malo". Claro, ella lo tenía fácil, aún hoy son dignas de envidia entre los primos las miradas que la tía Eulalia lanza a su marido Honorio, miradas donde el amor queda abarcado con un simple pestañeo, un crujir de piernas inquietas o el débil sonido de un columpio donde las manos se quedaron prendadas.

Por supuesto en toda familia que se precie siempre tiene que haber varias notas discordantes u ovejas negras, y en la nuestra hay un ala progresista claramente pro-peine enfrentada al ala conservadora comometoqueselpelotemato. Lémur, como bien habréis observado, es la líder de este último grupo. Mientras las del primer ala tienen el atrevimiento de peinarse todas las noches con hasta ochenta golpes de cepillo o son unas temerarias de las planchas, tenacillas, horquillas o demás elementos terroríficos, nuestra Lémur sufre sólo con la idea de ir a que le corten el pelo. Son tales los gritos que emana (“me voy a quedar calvaaaa con tanto tirón so bruta”...y cosas menos finas, más propias del Capitan Haddock que de una señorita) y los espasmos que suelta cuando se sienta en el sillón ése para que le laven el pelo, que en todas las peluquerías se halla colgado un cartel con su foto de persona non grata junto a una camisa de fuerza. Hay algunas que incluso pagan por no presenciar tal tormento. El monstruo de las galletas era nuestra pesadilla en la infancia, el de Lémur Eduardo Manostijeras.

Ya está atardeciendo sobre el Támesis y el sol va dibujando sus últimas marionetas en las sombras mientras sus rayos titiriteros nos calman el rostro pegado a la ventanilla del pub.

-Hora de irse- murmura adormilada la amiga avispada.

-¿Sabéis que el primer peluquero famoso de la historia se llamaba Champagne?- dice la de la sonrisa del gato de Chesire, le gusta recopilar anécdotas históricas.

 

el primer peluquero de la historia era frances y se llamaba champagne

 

-Fue el peluquero del Rey Sol, allá en la corte de Versalles, sus servicios eran muy demandados pero sólo para los adinerados. Se dice que revolucionó la historia al atreverse a peinar a mujeres con peinados elaborados, antes sólo estaba permitido a los hombres. Un visionario, vamos.-

-¿Y sabéis que las romanas empezaron a teñirse el pelo de rubio, extasiadas por ese color visto en las cautivas que Julio Cesar trajo de las Galias y de tierras nórdicas?- afina Moriarty su puntería, le encantan los retos históricos. 

Pero es Lémur, quien pone el mejor broche a la noche y al relato al citar un fragmento de Crónica de una muerte anunciada, donde la madre dice a sus hijas "Muchachas, no se peinen de noche que se retrasan los navegantes".

Pues eso, espero que el ala pro-peine haya tomado nota, quién sabe cuántos naufragios habrán ocasionado con sus cepillos.

 

Firmado: Profesoramoriarty

 

 

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