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Tiró de la manga de la camisa de su tío para lograr que se agachara ajustándose a su altura -la de un niño de 7 años- y, tapándose la boca a lo Cristiano Ronaldo, le susurró: “Creo que María se ha pasado comiendo hamburguesas”.

Yo no oí la carcajada porque el Míster la ahogó para explicarle que no, que mi tripa no se había expandido por una indigestión made in McDonald´s, sino que estaba esperando un bebé. Su prima.

El pequeñajo no pareció quedarse muy tranquilo, pues le preocupaba si conocíamos la forma en la que iban a sacar a su futura prima de mi tripa sin que nadie sufriera, pero esa explicación creo que ha quedado pospuesta.

La cuestión es que sí: que definitivamente estoy muy embarazada y este nuevo estado ha marcado el ritmo de mis últimos meses. Tanto en lo personal como en lo laboral. No hace falta ser muy observador para darse cuenta de que el blog sufría de cierto abandono, que las newsletters llegan con menor frecuencia y que intento evitar fotos mías actuales en las redes sociales. Tiro de las de hemeroteca. Pero hay muchas más curiosidades que hacen mi día a día francamente –digamos- “entretenido” y hoy quisiera compartirlas con ustedes para que no les vendan la moto y sepan con exactitud a qué me he estado dedicando durante los últimos meses en los que he estado un poquito menos encima de Strending (aunque nunca desconectada).

- Realizar labores preparatorias como poner una lavadora de mini-ropa y sufrir una subida de azúcar al ver el tendedero repleto de rosa. Creo que no estoy hecha para este color en grandes cantidades.

- Llevar siempre en el bolso una bolsa de plástico por si aparecían las traicioneras náuseas. No, no son un mito. Y si no pregúntenle al chófer de autobús de aquella boda…al que a grito pelado ordené detener el vehículo para que me dejara desembuchar fuera del mismo el origen de todos mis males. Sí, un autobús de una boda.

- Recibir masajes de pies gratuitos cuando me place.

- Aprender a alargar la vida útil de una pedicura durante más de 2 meses de temporada bodil. ¿Cómo? Nada como pintar ENCIMA del color que ya tenías puesto, rellenando los nuevos huecos y descascarillados. El hambre agudizará el ingenio, pero una tripa gorda (y la limitación de movimientos que conlleva) no se queda atrás.

- Oir a todas horas “¡qué guapa estás!”. Aunque sea mentira.

- Caer en la más radical dependencia de Google. Empecé buscando cosas como: síntomas de embarazo, prueba de embarazo, semana 5 de embarazo, tamaño feto, cambios cuerpo embarazada, semana 6 embarazo, cambios de humor, semana 7 embarazo, cuanto duran los vómitos y náuseas, crema antiestrías, tamaño tripa embarazada, semana 12 embarazo, calculadora aumento peso embarazo, Bugaboo, mueble cambiador, sacaleches... Y al cabo de un tiempo: semana 18 embarazo, ropa embarazada, música para embarazadas, parto, parto bañera, parto natural, clases preparación parto, suelo pélvico, episiotomia, cuarentena, bragas de rejilla... y esto ya no hay quien lo pare, la lista interminable de naderías que he llegado a buscar en internet no tiene fin. Lo increíble es que todas y cada una de ellas ¡han tenido respuesta! ¡Santo Google que todo lo sabes!

- Roncar como una mala bestia.

- Volverte una kamikaze del transporte público: cuando no hay asiento libre, pedir siempre a la persona que esté sentada en el reservado para embarazadas si puede cederte el asiento. Me dio vergüenza las 2 primeras veces, ahora ya casi no me hace falta ni hablar, desenfundo una mirada llena de intención, marco tripa, y la gente se levanta.

- Esa finísima línea entre caminar y bambolearse.

- Plantarte en 3 bodas seguidas (y del mismo grupo de amigos) con un modelito idéntico. Si has encontrado un vestido cómodo y que te gusta, ¿para qué pasar por la complicación de cambiarlo? Esta también es la razón por la que extendí la vida útil de mi pedicura “capa sobre capa”… tenía que ir a juego con mi vestido bodil pre-mamá.

- ¿Por qué nunca puedo dormir por la noche y sí durante el día?

- Pis cada 20 minutos. Tengo mapeada la distribución de cuartos de baño de todos los Cortes Ingleses de Madrid.

- Sobrevivir al otoño con sólo 2 pantalones.

- Apreciar la evolución de la vocación profesional que ya muestra mi hija dentro de la tripa: pasó de masajista a flamenca, con especialidad habilidad en el taconeo. Luego se entrenó para ser taekwondista olímpica y ahora, a las puertas de su nacimiento, se ha inclinado por formarse como banderillera. Una chica con inquietudes muy dispares, como su propia madre.

- Sentirse identificadísima con un pez globo fuera del agua: puedo explotar en cualquier momento.

- Por favor, ¡que nazca de una vez! Esto ya no hay quien lo aguante.

Lo cierto es que he llegado a una conclusión; a una semana de salir de cuentas tengo la absoluta certeza de que Madre Naturaleza diseñó el noveno mes de embarazo con un objetivo muy concreto, y es que acabes tan incómoda que desees con todas tus fuerzas ponerte de parto. Yo nunca pensé querer pasar por un parto y aquí me ven, encomendándome a los dioses para que se alineen los astros de una vez y ocurra. Pues la súper-luna nada ha conseguido.

Realmente sería mucho más sencillo pasar por un atracón de hamburguesas que únicamente pudiera desembocar en indigestión. Pero daría muchísimo menos juego que un embarazo, y desde luego todas las calorías extra se me irían directas al pandero, en vez de a una tripa redondita y preciosa como la que he lucido hasta ahora -está feo que yo lo diga, pero mi tripa es rebonita-. Y esta opción, a pesar de los inconvenientes, me gusta más.

Espero poder contarles bonitas noticias muy pronto.

 

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