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Hay gente que muero por conocer. Y no me refiero a ídolos musicales, estrellas de cine o personajes a los que admiro por su profesión o logros (que todos tenemos nuestro lado fan). Son personas que por unas circunstancias o por otras, y gracias en gran medida a sus aficiones, su forma de trabajar, su escritura, su sensibilidad o su vida cotidiana que muestran en redes sociales, tocan alguna fibra sensible de este corazoncito. Me llegan.

Creo que pueden entenderme. Y si les digo la verdad, no me visualizo quedando a tomar un té a las 5 con ellos, sino encontrándomelos en el momento más inesperado: coincidiendo en una fiesta de cumpleaños, compartiendo asiento en el avión o esperando en la sala de espera del médico. Quién sabe, pero siempre en algún momento donde se pueda establecer esa primera conversación de tú a tú. Y a partir de entonces ya estaremos en contacto y haremos por quedar. Como un flechazo de amistad. Si tengo la suerte de que ocurran esos encuentros se lo haré saber por aquí.

Éstas son algunas de esas personas a las que quiero un poco y aún no conozco:

 

Cristina

No sé cuándo ni cómo empezamos a seguirnos mutuamente, pero @brujulaloca es uno de los grandes tesoros que me ha regalado instagram desde que aterrizamos con nuestro perfil de @strending. Su día a día es un pulso en la preparación opositora desde la preciosa Galicia, pero su cámara nos regala pequeños momentos de relax en los que cada día se supera con su ojo fotográfico y genialidad de palabras. Siempre tiene un comentario cariñoso para nosotras y es de las personas que más acompañadas nos hacen sentir en el día a día de nuestro proyecto. Su perrita Runa es mi nueva ídola porque se deja hacer todo tipo de trastadas que maquina la mente creativa de su ama (a mí los dueños de perros siempre me entran por el ojo bueno, qué le vamos a hacer).

Como buena gallega, a Cristina parece que le gusta comer, pero más todavía jugar a fotografiar alimentos con arte de verdadera creativa publicitaria. Queridos míos, si están en instagram y al cabo de un tiempo tienen la misma sensación de quererla sin conocerla, recuerden que yo la descubrí primero ;)

 

 

Rafa Nadal

Y no se me queden así, perplejos. Será que este chico me recuerda demasiado a mi primo Gonzalo (hermano mellizo de Gabriela), y por eso le tengo un especial cariño. Según la definición estricta de CONOCER, no le conozco, pero sí le he visto e interactuado una vez con él: hace muchos años, de fiesta de despedida en una discoteca madrileña (me iba a vivir a Chile) él estaba en un reservado y fue lo suficientemente considerado como para firmarme una bandera de España kilométrica con un "Para María, un beso muy grande. R. Nadal". Salí de la discoteca y de España henchida, como podrán entender. 

Y es que el tipo es sencillo y humilde, y sigue manteniendo los pies en la tierra a pesar de esa carrera épica que se está marcando. No sé, es que me lo llevaría de juerga ahora cuando terminase Wimbledon y le advertiría en plan abuela que por el bien de la tercera edad de sus rodillas haga el favor de ser cauto y sepa despedirse del tenis a tiempo. Le daría la tabarra contándole lo malísima que me pongo cuando le veo jugar contra Djokovic (el tipo me supera) y lo muchísimo que disfruto cuando ocurre (cada vez menos) un Federer-Nadal. Porque sí, porque cuando me preguntan: ¿De qué equipo eres? Contesto que de Nadal. Porque me da la impresión de que podría haber sido uno de mis compis en la escuela de tenis, al que seguramente habría hecho perrerías por ser más pequeño que yo. Quizás es eso, que me inspira un poco el síndrome “hermana mayor”.

 

bandera de españa con la firma de rafael nadal

 

 

Diego

Diego trabaja en el supermercado DIA de calle Maldonado con Velázquez (Madrid). Habitualmente en la caja. Estrictamente no entra dentro de la categoría de gente que aún no conozco, pues cuando estoy en Madrid es el súper que tengo más a mano y muchas veces me cobra él. Es un pipiolo de ojos claros y piel nívea, espigado, serio, pero con una sonrisa preciosa que deja ver si tú sonríes primero. No sé si tendrá novia, pero me he propuesto averiguarlo y si no la tiene encontrarle una porque se ve que es de esos chicos que tienen la capacidad de dar amor del bueno. Y es que hay cosas que se notan en la mirada.

 

 

Petite Mafalda

Lara y Laura han sido mi último descubrimiento instagramero, porque solía consultar su web de planificación de bodas de vez en cuando, pero instagram me ha permitido zambullirme en su día a día. Está claro que los perfiles emprendedores me atraen, pero más cuando detrás de la marca puedo identificar a la persona  (personas en este caso) y se vislumbra su sensibilidad. 

A mí me “imponen” un poco las cuentas de instagram que tienen muchos seguidores (como la suya) y a veces me cuesta dar el primer paso e interactuar en forma de comentarios por miedo a “saturar”. Pero cuando ví que tenían palabras bonitas que dedicarnos dejé esos miedos escénicos absurdos a un lado.

Hace una semana publicaron las reflexiones de una aún no casada y acabaron de conquistarme, sobre todo con lo de “Espero de corazón que seamos capaces de formar una familia preciosa, no preciosa de revista, preciosa de felicidad, con todas las letras”.

Ellas siguen perseverando en su proyecto y yo espero de corazón que nos crucemos algún día en una jornada de trabajo (o festiva).

 

 

Lucía Be

Me chiflaría ejercer de becaria durante 24 horas en su casa-taller en el campo (pero campo, campo) donde desempeña las labores de mujer orquesta sacando adelante su tienda online y su preciosa familia con 2 churumbeles. Me declaro adicta a sus historias. Normalmente la lectura blogosférica la dejo para última hora de la noche, pero con las actualizaciones de Lucía todo lo demás deja de ser importante y tengo la necesidad imperiosa de dar prioridad absoluta  a  lo que está contando y sólo lo que ella dice es importante por unos minutos.

Creo que he empezado a quererla porque me siento muy identificada con su forma de enfocar la vida: dejó su trabajo como periodista para dedicarse a ser cuentista, dibujanta y sombrerera. Ha conseguido que su proyecto sea su forma de vida manejándolo además desde un pueblito,  y me enamoró del todo en el momento que leí éstas, sus palabras: “Cuando me levanto veo ovejas y margaritas por la ventana, pero el pueblo de al lado tiene Mercadona, así que cuando me estreso de tanta paz, voy a dar un paseo por los congelados para comprobar que la vida sigue fluyendo”. Y es que descubrir que ir a Mercadona es para alguien más su pequeña referencia de equilibrio diario me reconforta.  Ser partícipe de la vida de Lucía Be creo que me tranquiliza porque tengo la sensación de que me está allanando el camino (aunque todavía no haya descifrado bien el itinerario).

lucia be

 ilustración de Lucía Be

 

 

Paco

La empresa en la que trabaja Paco es nuestra nueva mensajería. Y ya se sabe que en las empresas grandes con servicio al público final la “marca” la trabaja el intelocutor a pie de pista. Él es el jefe de oficina que corresponde a mi área y no nos conocemos personalmente, pero cuando hace un mes atendió al tiro mi llamada de socorro (los antiguos proveedores nos incrementaron la tarifa un 33% sin previo aviso) él acudió a mi rescate cual príncipe azul a lomos de su corcel. Y me ha aguantado desde entonces,  siempre de buen humor, siempre con paciencia para enmendar todos los errores que cometí en las primeras órdenes de envío, siempre recordando a su equipo que nos tienen que tratar bien porque somos nuevas clientas con un negocio jovencito que tiene potencial de crecimiento. Él visualiza lo que a veces a mí se me olvida: que Strending va a ir bien. Y eso, en tu rutina diaria, es de agradecer. Un día tengo que pasarme por sus oficinas a darles un beso y llevarles unos bombones o pastelitos. ¿O me recomiendan otra cosa para causar la mejor impresión?

 

Tengo a mucha más gente a la que creo que quiero y aún no conozco, pero si les parece bien voy a reservar sus nombres para futuras entregas.

Y díganme, ¿ustedes han querido o quieren a alguien sin haberse conocido aún?

 

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