Highlight

Ya no aguantamos como antes y las resacas, si no se ha bebido con cabeza, pueden durar una semana entera. Y claro, no compensa. Empiezas por una cervecita, luego otra y sin darte cuenta ya te has fumado medio paquete de cigarrillos mientras sucede un momento exaltación de la amistad: “¡qué suerte tenemos de  habernos conocido, esto no es casualidad!“ y pasas a las copas y a interactuar con más gente, porque uno cuando bebe pierde la vergüenza, y eres supersimpático, jovial y divertido,  nadie te puede quitar esa sonrisota de medio lao´ mientras vas dando tumbos de un lado a otro haciendo gala de lo maravillosa que es la vida.

 

A unos les da por bailar como si estuvieran en el salón de su casa y nadie les viera, es decir, ¡dándolo absolutamente todo! No hay sensación de ridículo: tú sientes la música y punto. A otros les otorga la valentía suficiente para lanzarse a su objetivo, y donde antes era incapaz de decir ni media, ahora suelto 10 piropos de golpe y se ponen a pescar ¡como si se fueran a acabar los peces del río! A veces lo consiguen, a veces no… y siempre están aquellos que prefieren dedicarse a conversar, a los que las copitas de más les vuelve doctores en filosofía e intentan adentrarse en las bondades y miserias de la especie humana mientras arreglan el mundo… entienden su verdad como única y están dispuestos a discutir con todo aquél que quiera arrebatársela. Jajajaja, si me encuentran por ahí con más copas de las que debiera perteneceré a los de este último grupo -así que huyan despavoridos antes de que sea tarde y se tengan que tragar una charlita gratuita sin sentido-.

¿Y qué me dicen de las bodas donde la barra libre no tiene fin y quien empieza por un vinito sin importancia acaba bailando sin tacones en la mesa del DJ, suplicando que pongan de una vez Rafaella Carrá y todos los hits  de hombres G, algo que te sepa a boda, que para canciones de moda ya están los fines de semana -y cada vez menos, porque aprovechar el día se ha vuelto cien mil veces más apetecible y el tiempo el bien más preciado-.

Todo es fenomenal y maravilloso hasta el día siguiente, cuando quisieras ser Ana Bolena y que te cortaran la cabeza y no hay suficiente agua en el océano que calme tu sed. Pero lo peor es cuando haces repaso de la noche y llamas a tus amigas para comprobar que eso pasó así, tal y como lo recuerdas… que te caíste delante de todo el mundo, y que te pasaste la noche entera con las medias rotas. Y otra vez quieres ser Ana Bolena, pero esta vez por exceso de ridículo… y no hay nada que hacer ni mensajes que borrar ni nada de nada… para bien y para mal. Entonces reparas en que hay momentos, conversaciones, que no consigues reproducir y te estrujas la cabeza pidiendo un esfuerzo sobrehumano a tu memoria. ¿Pero cómo se ha podido borrar?

Y no hay recuerdos.

Han desaparecido, como los calcetines en la lavadora.

 Aunque a veces sea esto lo mejor que nos puede pasar -imprescindible congregar a todas tus amigas para que te ayuden a esclarecer los hechos. Para que te digan algo como: “¿pero no te acuerdas de que tú cantabas mientras él te daba la mano? Noooooooo quiero desaparecer de este mundo, ¡ya!-.

Y no hay mensajes…

“¿Tan mal canté? ¿Le quité la mano? ¿Se enfadó?”.

El mundo gira loco y tú sólo quieres bajarte mientras te levantas a lo Escarlata O´Hara “a Dios pongo por testigo, que jamás probaré otro gin-tonic”.

Un consejo, dejen la valentía para la sobriedad porque nada tendrá valor de otra manera. Y para que todo fluya mejor y evitar resacas de campeonato, por favor, háganme caso:

Entre copa y copa, ¡¡AGUA!!

 

 

Puedes seguirnos en:

www.facebook.com/Strending

@Strending_com

@strending