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Ya hace mes y medio desde que cumplí  30 años. Desde entonces tengo pendiente escribir este post...  Así que voy a empezar por el principio.

Es la primera vez que un cambio de década me impone… recuerdo muy bien cuando cumplí los 10 años, creo que tengo tanta consciencia de eso porque el año anterior se murió mi abuelo Aitona y, a pesar de que nos mantuvieron muy al margen de todo el proceso, fue la primera vez que alguien cercano se nos iba al cielo. Me hubiera gustado conocerle de mayor,  me consta que fue una persona de esas que te quitas el sombrero;  recuerdo que cuando nos llevaba de paseo a tomar el aperitivo al “Círculo” nos señalaba con su bastón los papeles que había en el suelo para que los recogiéramos y que, ante nuestro asombro, había gente que le paraba por la calle y con emoción le daba las gracias, algo que a nuestra corta edad no comprendíamos. Menos mal que mi abuela Manina nos duró más tiempo y a través de ella pudimos conocer más a nuestro abuelo.  

Era el 30.10.1995 y  me sentía súper orgullosa de haber pasado una decena de años en el mundo. En esa época era más alta que mi hermano mellizo y también me invitaban a un montón de cumpleaños en Txiki Park o el Estadio de Vitoria. Mi hermana  y yo seguíamos durmiendo juntas, pero nos habían separado las camas y yo sentía que tenía mi propio fuerte. Años más tarde, cuando fuimos a vivir a La Manga, las juntamos de nuevo y así han seguido siempre.  Fue un año entrañable, del  que aún guardo cartas y un sinfín de recuerdos.  AV, una íntima amiga de mi madre, me envió por correo el cassette de las Spice Girls y desde ese momento Wannabe fue la banda sonora de mi vida, bailándola sin cesar a todas  horas… hasta que aquella cinta dejo de funcionar, no sin antes haber ensayado hasta la saciedad para la función de fin de curso del colegio. Los diez años fueron gloriosos.  O al menos así lo recuerdo yo, que soy muy de quedarme con lo bueno.

Los 20 (30.10.2005) me pillaron en Madrid, estudiando tercero de Publicidad y RR.PP. en la Complu y viviendo en nuestro recién estrenado piso sólo-de-hermanos en Fernández de la Hoz. Llegó la libertad que tanto ansiábamos  tras el  paso por el Colegio Mayor,  ¡y salimos con ganas de comernos en el mundo! Ese año no hubo celebración de los 20, porque el día de nuestro cumple viajábamos a Vitoria para despedirnos de Manina, que se fue dos días más tarde, sin hacer ruido, discreta como era ella, en casa y rodeada de sus cinco hijos, dejándonos a todos una sensación de vacío y plenitud al mismo tiempo. Fue la primera vez que me encontré a la muerte de frente y me agarre a Dios como nunca antes lo había hecho… vi llorar a mi madre por primera y última vez.  En casa lloramos en silencio, a solas, con nosotros mismos. Creo que es por ese orgullo nuestro de no mostrar debilidad.

Durante ese año de los 20 mis hermanos y yo organizamos saraos, competiciones al Sing Star, cenas copiosas, partidas de Trivial y mil cosas más, consiguiendo que nuestra morada fuera el centro de operaciones de amigos, primos y de cualquiera que estuviera dispuesto a pasar un buen rato con nosotros. Mi madre lo llamaba “El corral de la Pacheca” porque era muy pequeño y siempre estaba hasta la bandera. Mis amigas pasaban las horas muertas haciéndonos compañía y nos traían empanadas de chocos que devorábamos como locos.  En  ese año tuve la suerte de dar  con el Profesor García Fajardo, que  nos daba clase de “Historia del pensamiento político y social”. Era un hombre lleno de ideales, de inquietudes, de búsqueda y de verdad… sus clases me emocionaban y me llenaban de vida y a menudo me cuestionaba  mil temas que luego debatía con mis amigas con un buen batido de chocolate y tortitas en cualquier VIPS.  Entonces teníamos un montón de sueños por cumplir, sitios a los que viajar ¡y nos imaginábamos historias de amor de película! Fue el año que empecé a leer poesía y descubrí a Benedetti, seguramente de la mano de mi hermana Paula. Ese año conocí Panjón, y desde entonces vivo enamorada de las Rías Baixas.  Los 20 latieron muy fuerte.

30 de Octubre de 2015,  el dia que cumplí 30 años.  Estaba nerviosísima,  por algún extraño motivo tenía un miedo terrible a entrar en esta nueva década… pensaba que el mundo se acabaría de repente o que me despertaría con el pelo blanco de la noche a la mañana, como le pasó a no se quien amigo de la infancia de mis padres. No es que no quiera hacerme mayor, es que  siempre me he sentido  un poco niña y así voy por el mundo: curiosa, crédula y cantando… cuanto más mayor me hago, mas pequeña me siento...  ¡y mis ganas de conocer, saber y entenderlo todo se multiplican! Pero por fin entiendo que no es momento de batirse en duelo con el tiempo sino de saborearlo, con los 5 sentidos, solo así se puede convertir un segundo en eterno. El futuro es incierto y apasionante y el pasado las huellas de la memoria que nos han llevado hasta donde estamos.

Poco os puedo contar de momento, salvo que tuve la inmensa suerte de celebrarlos en Londres con mucha gente que quiero, que mis amigas del alma organizaron un viaje sorpresa a Santander que fue la pera  y que me siento tremendamente afortunada por todo, y cada día así lo pienso.

Los 30 vienen livianos, ligeros... como una mochila que lleva lo justo para sobrevivir a un largo viaje, ¡y pienso empaparme de ellos!  SIN MIEDO.

Gabriela

 

 

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