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Punto de encuentro para invitadas a bodas, celebraciones y eventos. Compartiremos consejos, trucos, anécdotas...¡y accesorios de fiesta!
14Octubre

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Jamás olvidaré el día en el que mi Abuela me soltó un: "vas un poco descocada, querida".

El día en cuestión era el de la Primera Comunión de una de mis primas pequeñas, y yo vestía pantalón y camisa, esta última con 3 botones desabrochados. Nada que no me hubiera puesto para mi, por aquel entonces, primer trabajo en IBM. Y de verdad no les miento respecto a mi actitud frente al destape: cuando tenía dudas entre lo recatado y un grado menos que lo recatado, siempre optaba por lo primero. Muy cuidadosa era yo.

Pero a mi Abuela no le pareció en aquel caso que mi línea general cumpliera con los estándares de calidad escotil. Así que me abroché los botones y allí paz y después gloria. Leer +

09Octubre

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Highlight

Tras la primera incursión del nuevo curso 2014/15 en Madrid, recojo el tinglao y me vuelvo corriendo -entiéndase como una alusión al viaje en tren convencional- a mi guarida en la costa levantina. Quienes nos siguen en Instagram ya van teniendo un poco claro que Gabriela y yo vivimos far away, ella en Londres y yo en La Manga. Sí, aquí, entre 2 mares y 40 kilómetros de playas. En este peculiar emplazamiento se encuentra el almacenito de Strending y el despachito infernal donde me guarezco durante la jornada laboral eludiendo la tentación de estar chapuzándome 24 horas al día. Sí, mola vivir y trabajar aquí, pero también hay que tener fuerza de voluntad para sacar tus responsabilidades adelante. Leer +

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Llego a Madrid y parece que, en un viaje de apenas 4 horas en coche, me he adentrado de golpe en el otoño; desde luego los 13º por la noche ya no te permiten salir airosa con vestiditos veraniegos (en mi guarida de la costa levantina las nocturnidades todavía se mantienen a 20º). Ayer, durmiendo, pasé frío por primera vez -y eso sólo ocurre una vez al año-, ya no salgo de casa sin el fular automáticamente al cuello y las bailarinas vuelven a hacerme ampollas –lógico, ¡con lo libres y salvajes que estaban los pieses en sandalias todo el día o descalzos por la arena!-.

Los alquileres de tocados para las bodas de octubre se han disparado, voy como loca atendiendo por mail y whatsapp a Strenders varias, que me envían fotos de sus vestidos y ya cuando me dirijo a ellas les cambio los nombres y les monto looks pensando que el vestido era rojo en vez de verde. Será defecto corporativo, pero dicen que cuando “ves la vida color de rosa”  es porque todo nos va bien, estamos bien, nos sentimos bien. Creo no situarme en una onda tan “happy flower”, pero sí puedo decir que yo el otoño lo veo color rojo: Rojo Strending. Con fuerza, con ganas, con actividades programadas y por programar, con tanto por lograr. ROJO QUE TE COJO ;) Leer +

25Septiembre

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Hablemos de probadores. Sin tapujos ni pelos en la lengua, estoy segura de que nos faltará post para no dejarnos nada en el tintero. Nadie ha conseguido explicarme todavía por qué TODOS Y CADA UNO de los probadores de Zara están infestados de bolas de pelusas, creo que cada mujer de este país lo tiene absolutamente interiorizado y convivimos en paz con ellas, como si fueran la flora y fauna del ecosistema Inditex.

Pero yo les confesaré que no soy muy de Zara. Puedo pasar, sin ningún tipo de sufrimiento, temporadas seguidas de O/I y P/V (Otoño-Invierno y Primavera-Verano) sin cruzar las fronteras de su territorio. ¿Que cómo me mantengo al tanto de lo que se cuece chez Monsieur Ortega? Pues es que ya saben ustedes que soy muy pro on line, y lo cierto es que mis labores de estudio de mercado siempre las ejecuto parapetada tras el ordenador. Así te evitas las bolas de polvo, entre otras cosas. Leer +

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A Gabriela y a mí nos encanta esta tipa a partes iguales. Y tampoco es algo que hayamos comentado nunca, pero son pasiones compartidas que se sobreentienden sin tercambio de impresiones de por medio.

En una boda que tuvo este finde se salió de estilazo, ya lo remarcó Casilda, y nosotras aprovechamos para sacar un post recopilatorio -teníamos ganas- con las claves de estilo que nos chiflan de ella. Nuestra oda particular a Adriana Carolina. Leer +

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Allá en Primavera, cuando participamos en nuestro primer Pop Up, conocí a Violet y me encantó su facilidad de trato y gusto por los detalles, además de la afición conjunta por la blogosfera y los complementos. Al cabo de unas semanas me propuso publicar un post conjunto en su blog con accesorios de Strending a los que se podía sacar partido más allá de una boda. Y como la idea me encantó y yo estaba en plena efervescencia de mis prácticas con la cámara, acepté y me ofrecí a sacarle yo las fotos.

Así que nos plantamos en su casa familiar, donde por cada rincón surgían hermanas suyas tan idealas como ella, y pasamos un día fantástico organizando conjuntos, parloteando sin tregua y ejercitando el don de la paciencia (por parte de ella), pues no hice más que marimandonear parapetada tras la cámara. Leer +

16Septiembre

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¡Qué poco he aprendido!

Quienes me conocen probablemente me definan como una persona organizada, pero ¡ay! lo que engaña una cara de cría. Resulta que voy a peor en lo que orden y concierto se refiere. En los timings, en la programación de posts, en empezar tareas y dejarlas a medias, en ordenar el despachito, en los regalos de boda (que como me empeño en preparar “algo especial”, al final los entrego tarde), en repasar los mails pendientes en la bandeja de entrada, en ordenar el stock de Strending… desconozco el día y la hora en la que el caos entró por mi puerta, pero sí sé que tiene intención de quedarse.  Leer +

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(Si quieres leer Capítulos 123, 4, 567, 8)

 

El día después de la gran boda amaneció encapotado de la más espesa negrura que nunca hubiera visto sobre el cielo de Santander. Las nubes, cargadas de electricidad y pesadumbre, se arremolinaban entre ellas como las sábanas blancas que abrazaban mi cuerpo entumecido, amenazando con descargar la furia de una tormenta que golpearía los empedrados de las calles de la ciudad. Me retorcí despertada por un fuerte dolor de cabeza que me perforaba las ideas, cayendo repentina y estrepitosamente sobre el suelo de mi pequeño estudio. No sé qué parte de mí fue la primera que besó el suelo, pero mis frías manos no atendían golpe alguno, sólo buscaban la frente, queriendo apagar el calor que de ella emanaba. Una sensación de mareo empezó a subírseme por los pies anunciando su puerto de llegada a la garganta. Mis piernas, rebosantes de agujetas, lograron levantar el pesado saco de carne en el que me había convertido, incorporándolo y dirigiéndolo entre tumbos hacia el cuarto de baño, donde un inoportuno espejo me devolvió los no tan buenos días. Una mata de pelos revoltosos del que pendían horquillas doradas como mosquitos en una tela de araña cubrían a medias unas profundas ojeras que delataban una falta de sueño cualquiera, pero los restos de carmín y rímel corrido daban fe de la noche de fiesta que había precedido. Giré el pomo de arandela azul del grifo, dejando que un chorro de agua fría llenara mis cóncavas manos para derramarla sobre mi rostro de manera repetida. Mojé la nuca y las muñecas, tragué en abundancia y me miré a los ojos, jurando no volver a beber nunca más. Leer +

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Esta semana ando celebrando mi aniversario londinense. Hace ya cuatro primaveras, ni más ni menos, desde que puse una patita en esta ciudad. Por aquel entonces yo llevaba dos años trabajando en una agencia de medios en Madrid y justo me habían llamado de otro sitio, más grande, con mejores cuentas (clientes), y mejor remunerado, así que decidí cambiarme de curro para seguir “avanzando en mi carrera profesional”. Pero yo tenía una espinita que me quería quitar, me importaba un bledo un puesto más bonito, ¡quería experiencias! Nunca había vivido en el extranjero, ni me había ido de Erasmus, ni nada  demasiado excitante, y  de alguna manera me veía demasiado asentada para mis escasos 24 años... así  que me dije: ¿ahora o nunca? Y ya les he comentado alguna vez que ¡el nunca me suena horriblemente mal! (si quieren que haga algo háganme esta pregunta... soy así de simple) Leer +

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(Si quieres leer Capítulos 123, 4, 56, 7)

 

Los camareros habían empezado a recoger (aparentemente hacía bastante tiempo, pero he aquí que a esas horas uno no es consciente del proceso, sino del resultado -y eso se aplica a todo lo que una boda implica-), indicando así el inevitable final de la fiesta. Por ende, la gente que tan animadamente había bailado durante horas empezó a decaer al son de canciones de ritmos imposibles de seguir - ese tipo de música etiquetada por mi madre como “chunda chunda” que retumba en los oídos y provoca la verdadera jaqueca de lo que entonces empieza a vislumbrarse como pre-resaca. Los novios, Manuela y Miguel, no aparecían por ningún lado, señal de que hacía tiempo que se habían ido a la francesa, intentando evitar una segunda ronda de besos, abrazos y agradecimientos varios (completamente comprensible, la verdad).

Y yo, por mi parte, hombros hundidos y mirada perdida, abatida, con la energía absolutamente consumida, hacía bastante que me había concedido el exilio voluntario de la pista, quedándome apartada entre las sombras del exterior. Paloma se desplomó a mi lado, sonriendo extasiada tras semejante juerga:

-Ay, que ya no me da el cuerpo más de sí- resopló mirándose los sucios y descalzos pies. -No he bailado más en mi vida, mañana voy a tener unas agujetas de llorar-.

Solté una pequeña carcajada y le concedí un instante para que me siguiera contando.

-La música ha estado genial. ¿Viste el Rock-and-Roll que me marqué con Luis? Creo que me voy a apuntar a clases, ¡me encanta! Lo que no he sido capaz de seguir han sido esas dichosas sevillanas que se empeñan en poner en todas las bodas, ¡ni que estuviéramos en Andalucía! Seguro que el dj era de por ahí abajo y las ha querido poner a toda costa, porque ya me dirás tu quién bailaba- relataba con expresión mohína. -Y a Tomasa le perdí la pista hace tiempo, andaba por ahí con el primo de Miguel… ¿Cómo se llamaba?-.

-Uf, ni idea. ¿El rubiales ése?-

-El mismo-

-No sabía ni que eran primos-

-¿Y tú, qué?-

-Yo, qué de qué-

-Que dónde has estado, tonta-

-Mmmm… Con Diego. Y luego sola, no tenía muchas más ganas de bailar-

-¿¿Con Diego??- saltó en su asiento -¿Pero has estado hablando con él?-

Levanté las cejas y, entre vergüenzas y emociones, procedí a relatarle mi arrebato de locura. O, dicho de un mejor modo, mi declaración de amor.

-¡Alucino contigo!-  exclamó Paloma cuando mi historia tocó a su fin.

-No sé qué me ha pasado, se me ha ido la cabeza, en serio. ¿En qué momento voy y le suelto todo aquello?- pregunté retóricamente, con la mirada perdida en algún punto del cielo. -Lo mejor de todo- dije tras una leve pausa, -es que en verdad no me arrepiento: volvería a repetirlo-.

-¿En serio?-

-En serio. Es como si de verdad viviera todas esas cosas que lees sobre la vida en mensajes grabados en camisetas y pegatinas, en frases famosas de escritores y pensadores, en libros, películas y canciones. Esas que hablan de que sólo se vive una vez, que es mejor arrepentirse por lo que has hecho que por lo que no has hecho, que no sabes qué pasará mañana, que vivas hoy y bla bla bla… Eso es lo que he hecho esta noche y te juro que no hay mejor sensación que la libertad de haber expresado lo que siento, ¡increíble!-

Paloma me miró entre sorprendida, divertida y algo risueña, sin comentar nada, como si realmente no hubiera nada más que añadir.

-La fiesta acabóse, amigas- nos anunció Tomasa, aparentemente aparecida de la nada. -¿De qué habláis que os tiene tan ensimismadas?-

-Tú qué crees- dije con un deje de niña enamorada y no correspondida.

Me miró mi amiga y abrió los ojos con exageración.

-¿Ha habido… ha habido tema?-

-Señoritas, por favor, ¿pueden ir saliendo? Estamos cerrando- interrumpió un camarero con pinta de maître.

-Estará usted de broma, ¿no? ¿Dónde se ha visto que echen a los invitados de una boda?-

-Tomasa, por favor- cortamos Paloma y yo abalanzándonos sobre ella, temiendo uno de esos numeritos que a veces le daba por montar.

-Está bien, está bien. Ya nos vamos- dijo fingiendo dolorosa dignidad.

Nos dirigimos al guardarropa y ¡eco!, allí estaban los tortolitos apoyados en el mostrador. Nada acaramelados, por cierto. No nos dio tiempo a recular, topándonos de frente con ellos justo en el momento en el que se daban la vuelta. Primero un sobresalto, después un silencio incómodo y una ráfaga de embarazo al envestir nuestro paso en dirección a la salida. Ni un adiós, ni un hasta luego. Nada.

-Ésa sabe que aquí se cuecen habas- resolvió Paloma.

-Qué dices-

-Lo que oyes. Hazme caso, sé de lo que te hablo. Si no, ¿a qué ha venido esa tensión que se acaba de crear? Si a ella le diera igual, se habría despedido de nosotras. ¿Pues no que estábamos en la misma mesa?-

Callé dubitativa ante la posibilidad de que aquello fuera cierto. ¿Lo habría notado de verdad? ¿O nos habría visto en el patio de atrás? ¿O se lo habría contado él? Una oleada de dudas e ilusiones se mezclaban por igual en mi atormentada cabeza, creándome una sensación de incertidumbre en versión positiva, aunque no optimista. Él había dejado claro que llegaba tarde, que había otra, y que yo era una egoísta. Pero no había dejado tan claro que se hubiera olvidado de mí, que me hubiera sustituido por la caribeña, ni que ahí se acabara nuestra historia.

Pero tampoco yo tenía claro nada de todo aquello. Mi tormenta pasional ya se había calmado y mi raciocinio había empezado a entrar en juego.

¿Qué era lo que yo realmente esperaba de esta historia? No sabía a ciencia cierta si quería que Diego la dejara por mí aquella misma noche, ya que, aunque realmente lo que yo quería era ser la elegida, el hecho de que hubiera traído a una chica a la boda (dado lo importante del evento, especialmente al tratarse de un amigo tan cercano como Miguel) y fuera a romper con ella cuando otra (después de dos años de ausencia) se cruzara en su camino, no decía mucho de él. O bien la chica no era lo suficientemente importante para él y la hubiera traído como escudo o pura apariencia (y ninguna de las dos opciones me convencía) o bien él no era lo suficientemente maduro como para tener sentido del compromiso. En el fondo, lo que yo deseaba era que Diego se hubiera quedado en estado de shock al verme, que yo le hubiera descolocado de tal manera que hubiera desbarajustado sus ideas y sus planes, no pudiendo pensar más allá por un periodo de tiempo (¡que no fuera muy largo, por favor!). Yo quería que, al haberse encontrado conmigo, se hubiera dado cuenta de repente de que a quien de verdad quería a su lado era a mí y no a la morenaza aquélla.

Una vez fuera, nos dirigimos al coche de Paloma, quien se había ofrecido a llevarnos a casa dado nuestro estado poco estable, no muy apto para conducir y con alto riesgo de atraer algún que otro control policial y/o una más que probable multa. Así pues, exhaustas como estábamos, caímos rendidas en los asientos de atrás, dejando a la pobre conductora cual taxista mientras nosotras dábamos una cabezadita. En mi caso, más que por sueño, por agotamiento mental - tanta emoción me había dejado el sistema nervioso sin plomos.

Mañana sería otro día.

. . .

CONTINUARÁ

 

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